Fragmentos del diario de Adán y Diario de Eva

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Mark Twain

LUNES.- Este nuevo ser de cabello largo está molestando mucho. Me ronda constantemente y me sigue a todas partes. Esto no me gusta; no estoy habituado a la compañía. Preferiría  que ese ser se quedase con los demás animales... El día de hoy es nuboso, llega viento del Este; creo que se nos avecina una lluvia... ¿Nos? ¿Cómo se me ha ocurrido es palabra? Ya recuerdo: la usa el nuevo ser.

MARTES.- He estado examinando la gran cascada. Es,  en mi opinión, lo más hermoso que hay en estas tierras. El nuevo ser la llama Cataratas del Niágara...  No sé muy bien por qué. Dice que la cascada se parece  a las Cataratas del Niágara. Eso no es un motivo; su actitud implica, simplemente, capricho y estupidez. No tengo la menor oportunidad de darles nombres a las cosas personalmente. El nuevo ser bautiza todo lo que se presenta, antes de que yo pueda protestar. Y siempre con el mismo pretexto: que el objeto bautizado se parece   a tal o cual cosa. Por ejemplo está el dido[1]. Habrá que dejarle ese nombre, sin duda. Me fastidia preocuparme del asunto y, por lo demás, de nada sirve. ¡Dido!  Ese animal se parece tanto al dido como yo.

MIÉRCOLES.- Me he construido un refugio contra la lluvia, pero no puedo disfrutarlo solo y en paz. El nuevo ser lo invade constantemente. Cuando traté de echarlo, vertió agua por los agujeros con que mira y se la enjugó con el dorso de sus garras e hizo un ruido como el de otros animales cuando están en apuros. Me gustaría que el nuevo ser no hablase; habla sin cesar. Esto parece un sarcasmo barato, contra ese pobre animal, una alusión desdorosa, pero no hay tal. Hasta ahora jamás he oído la voz humana, y todo sonido nuevo y extraño que invade la solemne quietud de estas dormidas soledades, ofende mis oídos y me parece una nota falsa. Y este nuevo sonido se percibe tan cerca de mí... junto a mi hombro, junto a mi oído, primero de un lado y luego del otro. Y yo estoy acostumbrado solamente a los sonidos más o menos lejanos.

VIERNES.- El nuevo ser sigue poniéndoles nombres a todas las cosas, a pesar de mis esfuerzos por evitarlo. Yo tenía un nombre muy adecuado para estas tierras, un nombre musical y hermoso: JARDÍN DEL PARAÍSO. En privado, continúo llamándolo así, pero ya no lo hago en público. El nuevo ser dice que esto está formado exclusivamente por bosques, rocas y paisajes y que, por lo tanto, no tiene semejanza alguna con un parque. Por lo tanto, sin consultarme, lo ha rebautizado con el nombre de PARQUE DE LAS CATARATAS DEL NIÁGARA. Esto me parece bastante arbitrario. Y ya ha colocado un letrero: NO PISE EL CÉSPED. Mi vida no es tan feliz como antaño.

SÁBADO.- El nuevo ser come demasiada fruta. Es probable que pronto nos falte ese producto. He vuelto a decir <<nos>>. Esta palabra es suya, mía también, ahora, después de oírla con tanta frecuencia. Esta mañana hay mucha niebla. Yo no me aventuro a salir con niebla. El nuevo ser, sí. Sale con cualquier tiempo y vuelve a entrar aquí, a tropezones, con los pies llenos de barro. Y habla. Qué agradable y tranquilo era esto en otros tiempos...

DOMINGO.- Ya pasó. Este día se esta volviendo cada vez más torturante. En noviembre del año pasado fue elegido día de descanso. Antes,  yo tenía seis días de descanso por semana. Esta mañana he sorprendido al nuevo ser tratando de arrancar manzanas del árbol prohibido.

LUNES.- El nuevo ser  dice que se llama Eva. Perfectamente; no tengo objeción alguna que formular. Dice que puedo llamarle así cuando quiera verle a mi lado. Le manifesté que, en ese caso, el nombre es superfluo. Esta palabra, evidentemente, suscitó en el nuevo ser respeto por mi persona: y, en verdad, se trata de una palabra grande y útil y que podría repetirse más de una vez. <<Eso>>, dice que no es <<eso>>, sino <<ella>>. Esta afirmación, probablemente, es dudosa; pero tanto me da. Poco me importa lo que pueda ser <<ella>>, con tal de que camine por ahí sola y no hable.

MARTES.- Eva ha sembrado en todas nuestras tierras aborrecibles denominaciones y ofensivos letreros como estos:

 

                           Por aquí, al Whirpol.

                           Por aquí, a Goat Island.

                           Por aquí llegará a Cave of the Winds.

Eva dice que el parque sería un pulcro lugar de veraneo si hubiese interesados. Un lugar de veraneo... <<Otra invención suya>> Palabras y nada más que palabras, sin sentido alguno. ¿Qué es un lugar de veraneo? Pero será preferible no preguntárselo. ¡Ella revela tanto frenesí para explicarlo todo!

VIERNES.- A Eva le ha dado por suplicarme que deje de ir a las cataratas. ¿Qué daño le causa eso? Dice que le da escalofríos. No sé por qué. Siempre he ido allí; siempre me han gustado la zambullida y la frescura del agua. Supongo que para eso están las cataratas. No tienen otra utilidad, que yo sepa; y deben de haber sido hechas para algo. Ella dice que han sido creadas solamente para adornar el paisaje, como los rinocerontes y mastodontes.

SÁBADO.- El martes por la noche me escapé y viajé durante dos días y me construí otro refugio en un sitio lejano y borré mis huellas lo mejor que pude, pero ella me dio caza valiéndose de un  animal que ha domado y llama lobo, y vino a buscarme haciendo nuevamente ese lastimero ruido y derramando esa agua por los agujeros que le sirven para mirar. Me vi obligado a regresar con ella, pero emigraré dentro de poco, cuando se me presente la ocasión. Eva se dedica a muchas cosas tontas; entre otras, procura investigar por qué los animales llamados leones y tigres se alimentan de hierbas y flores, cuando en su opinión, el tipo de dientes que poseen parece indicar que han nacido para devorarse los unos a los otros. Esto es estúpido, porque hacerlo significaría matarse y eso traería lo que al parecer, recibe el nombre de <<muerte>>; y la muerte, según me han dicho, no ha entrado aún en el parque. Lo cual es una lástima, en algunos sentidos.

DOMINGO.- Ya pasó ¡Menos mal!

LUNES.- Creo adivinar para que sirve la semana: para darnos tiempo de descansar del aburrimiento del domingo. La idea parece buena... Eva ha vuelto a trepar a ese árbol. La obligué a bajar. Me dijo que nadie miraba. Según parece, considera esto suficiente justificación para intentar cualquier cosa arriesgada. Así se lo dije. La palabra <<justificación>> provocó su admiración... y su envidia también, me parece. Es una bonita palabra.

MARTES.- Eva me dice que la han hecho de una costilla extraída de mi cuerpo. Esto, en el mejor de los casos, me parece dudoso. No he echado de menos costilla alguna... Le preocupa mucho el buharro; dice que la hierba no es adecuada para él, teme no poder criarlo y cree que el alimento natural del buharro es la carne podrida. El buharro tendrá que componérselas lo mejor  que pueda con lo que haya. No podemos trastornarlo todo para complacer al buharro.

SÁBADO.- Eva se cayó ayer  en la laguna cuando se estaba mirando en ella, cosa que hace continuamente. Poco le faltó para asfixiarse y dijo que aquello era muy desagradable. Esto la indujo a compadecer a los seres que viven allí dentro, a quienes llama peces, porque Eva continúa asignándoles nombres a cosas que no lo necesitan y que no vienen cuando uno las llama por su nombre, lo cual bien poco le importa, ya que de todos modos es una tonta; De manera que Eva extrajo del agua a un montón de peces y los trajo anoche y los puso en el lecho para que se calentaran, pero yo los he mirado a ratos durante el día de hoy y no me han parecido más felices que antes, aunque más quietecitos. Cuando llegue la noche, los arrojaré afuera. No volveré a dormir con ellos, porque me resultan viscosos y es desagradable estar tendido entre ellos cuando no se tiene puesta ropa alguna.

DOMINGO.- ¡Uf! Ya pasó.

MARTES.- Ahora Eva se ha aficionado a una serpiente. Los demás animales están contentos, porque Eva se pasaba el tiempo haciendo experimentos y molestándolos; y yo me alegro, porque la serpiente habla y ello me permite descansar.

VIERNES.- Ella dice que la serpiente le aconseja probar el fruto de ese árbol y dice que eso dará por resultado una grande, hermosa y noble enseñanza. Yo le manifesté  que eso tendría otra consecuencia; también la de introducir la muerte en el mundo. Esto fue un error; más me habría valido guardarme la observación. Porque ésta solo sirvió para sugerirle la idea de que podría salvar así al buharro enfermo y proporcionarles carne fresca a los abatidos leones y tigres. Le aconsejé que no se acercara al árbol. Ella dijo que no haría tal cosa. Preveo dificultades. Emigraré.

MIÉRCOLES.- He pasado por diversas vicisitudes. Ayer escapé a caballo durante toda la noche con la mayor rapidez posible, confiando en salir del parque y ocultarme en algún otro país antes de que empezaran las dificultades: pero estaba escrito que no podía ser así.  Una hora después del amanecer, poco más o menos, cuando cabalgaba a través de una llanura cubierta de flores donde millares de animales pastaban, dormitaban o jugaban, según sus costumbres, estalló repentinamente una tempestad de espantosos ruidos, y súbitamente la llanura fue un frenético tumulto y todos los animales se dedicaron a despedazar a sus vecinos. Comprendí qué significaba aquello: Eva había comido aquel fruto y la muerte había aparecido en el mundo... Los tigres se comieron a mi caballo, sin prestar atención a mis palabras cuando les ordené que desistieran de hacerlo, y me habrían devorado a mí de haberme quedado..., cosa que no hice, sino que me alejé con gran prisa... Encontré este sitio en las afueras del parque y viví con bastante comodidad durante algunos días, pero ella dio conmigo. Dio conmigo y llamó al paraje Tonawanda; dice que parece Tonawanda. A decir verdad, aquí no hay mucho que arrancar, y ella trajo algunas de esas manzanas. Me vi obligado a comérmelas; tanta hambre sentía... Eva vino cubierta de ramas y manojos de hojas, y cuando le pregunté qué se proponía con semejantes estupideces y se las arranqué y arrojé al suelo, rió entre dientes  y se sonrojó. Yo nunca había visto reír así ni  sonrojarse a nadie, y su actitud me pareció indecorosa ytonta. Ella me dijo que yo no tardaría en comprender aquello. Así fue. A pesar del hambre que sentía dejé la manzana comida a medias  –la mejor que yo hubiese visto, ciertamente, dado lo tardío de la estación-  y me puse las ramas y hojas desechadas y luego le hablé con cierta severidad y le ordené que se marchara y se buscara otras y no diera semejante espectáculo. Eva así lo hizo, y después de esto nos deslizamos hasta donde había tenido lugar la batalla de los animales salvajes y recogimos varias pieles y yo le dije a Eva que uniera entre sí varias, a fin de fabricarnos un par de trajes adecuados para presentarnos en público. Es verdad que estos atavíos son incómodos, pero resultan elegantes y esto es lo principal en materia de ropa... Advierto que Eva resulta muy buena compañera. Comprendo que me sentiría solitario y deprimido sin ella ahora que he perdido mis propiedades. Otra cosa: Eva dice que se ha dispuesto que, a partir de ahora, trabajemos para ganarnos el sustento. Eva será útil. Yo supervisaré su trabajo.

DIEZ DÍAS DESPUÉS.- ¡Ella me acusa de ser la causa de nuestra  catástrofe! Afirma, con aparente sinceridad y veracidad, que la serpiente le aseguró que el fruto prohibido no era la manzana, sino la castaña. Le dije que, en ese caso, yo era inocente, ya que no había comido castaña alguna. Eva dijo que, según le informara la serpiente, esa <<castaña>> era una expresión figurada que constituía un chiste viejo y mohoso. Palidecí al oír esto, ya que he hecho muchos chistes para pasar el rato y algunos de ellos quizá hayan sido de esa índole, aunque yo los presumiera sinceramente inéditos al hacerlos. Eva me preguntó si yo había hecho alguno en la época misma de la catástrofe. Me vi obligado a confesar que me había dicho un chiste a mí mismo, aunque no en voz alta. Las cosas habían ocurrido así: Yo estaba meditando en las cataratas y me dije: << ¡Cuán maravilloso es ver todo ese vasto volumen de agua precipitándose hacia abajo!>> Luego, de pronto, se me ocurrió una idea brillante y la dejé escapar y dije: << ¡Más maravilloso aún resultaría que se precipitara hacia arriba!>> Y me disponía a morirme de risa, cuando todos los elementos de la naturaleza se desencadenaron en un tumulto de guerra y de muerte y debí huir para salvar la vida. <<Eso es  -dijo Eva, con aire de triunfo-. Eso fue, precisamente. La serpiente mencionó ese mismo chiste y lo llamó La Primera Castaña[2]  y declaró que había nacido con la creación>> ¡Ay de mí! En realidad, soy quien tiene la culpa. Ojalá no fuera tan ingenioso... ¡Ojalá no hubiese tenido jamás esa brillante idea!

AL AÑO SIGUIENTE.- Lo hemos llamado Caín. Eva lo atrapó cuando yo estaba poniendo trampas en el campo, sobre la ribera norte del Erie, lo atrapó en el bosque a un par de kilómetros de nuestro refugio... o a cuatro kilómetros,  no lo recuerda muy bien. <<Eso>> se nos parece en algunos sentidos y quizá hace parentesco entre nosotros. Así lo supone ella, pero en mi opinión, se trata de un error. La diferencia  en tamaño justifica la conclusión de que es un tipo de animal distinto y nuevo, un pez, quizá, aunque cuando lo puse en el agua para comprobarlo se hundió y Eva se zambulló allí y lo sacó antes de que el experimento pudiera dejar aclarado el asunto. Sigo creyendo que se trata de un pez, pero ella se muestra indiferente sobre este asunto y no me deja investigarlo. No lo entiendo. La llegada de ese ser parece haber cambiado todo el carácter de Eva y la ha vuelto irrazonable en materia de experimentos. Aprecia <<eso>> más que cualquier otro de los animales, pero no sabe explicar el por qué. Todo revela que su espíritu está perturbado. A veces lleva al pez en sus brazos durante la mitad de la noche cuando aquél se queja y quiere ir al agua. En esas oportunidades, el agua brota de los sitios del rostro de Eva que le sirven para mirar y ésta acaricia al pez en la espalda y emite por la boca suaves sonidos para calmarlo y demuestra pena y solícito afán de cien maneras distintas. Nunca le he visto hacer eso con ningún otro pez, y ello me perturba mucho. Eva solía rodearse de jóvenes tigres y jugar con ellos, antes de que perdiéramos nuestras posesiones, pero esto sólo era juego y nunca los atendía así cuando les sentaba mal la comida.

DOMINGO.- Eva no trabaja  los domingos, sino que se tiende muy fatigada y le gusta que el pez se revuelque sobre ella; y hace ruidos tontos para divertirlo y simula comerle las garras y eso hace reír al pez. Es la primera vez que veo a un pez capaz de reír... Esto me inspira dudas... He llegado a cobrarle afición al domingo. El supervisar durante toda la semana fatiga tanto... Debiera de haber más domingos. En los días de antaño eran penosos, pero ahora resultan útiles.

MIÉRCOLES.- No es un pez. No logro descubrir con certeza de que se trata. <<Eso>> emite unos ruidos curiosos y endiablados cuando no está satisfecho y dice <<gu-gu>> cuando lo está. No es como nosotros, porque no camina; no es un pájaro, porque no vuela; no es una serpiente, porque no se arrastra; y estoy seguro de que no es un pez, aunque no tengo oportunidad de descubrir si sabe nadar o no. Se limita a quedarse tendido, por lo general de espaldas, con los pies hacia arriba. Jamás le he visto hacer esto a animal alguno. Dije que, en mi opinión, se trataba de un enigma; pero ella se limitó a admirar la palabra, sin comprenderla. Creo que se trata de un enigma o de alguna especie de sabandija. Si <<eso>> muere, lo descompondré en sus partes y veré cómo está hecho. Nada me ha desconcertado nunca a tal extremo.

TRES MESES DESPUÉS.- Mi perplejidad aumenta en vez de disminuir. Duermo poco. <<Eso>> ya no se pasa el tiempo tendido, sino que camina por todas partes sobre sus cuatro patas. Con todo, difiere de todos los demás animales de cuatro patas en que sus patas delanteras son desusadamente cortas y, a causa de eso, la parte principal de su persona se yergue a una altura molesta y esto dista de ser atrayente. <<Eso>> se nos parece mucho por la forma como está hecho, pero su método de viajar revela que no es nuestra estirpe. Las cortas patas delanteras y las largas patas traseras indican que pertenece a la familia del canguro, pero es una acentuada variación de la especie, ya que el verdadero canguro salta, mientras que éste nunca lo hace. Con todo  se trata de una variedad curiosa e interesante que no ha sido catalogada. Ya que la he descubierto, me he sentido justificado al atribuirme el mérito del descubrimiento dándole mi nombre y, por tanto, la he llamado Kangaroorum adamiensis... Debió de ser joven al venir aquí, porque ha crecido muchísimo a partir de entonces. Su tamaño debe de haber quintuplicado, y cuando está descontento es capaz de hacer un estrépito veintidós o veintiocho veces mayor que antes. La coerción no modifica esto, sino que causa el efecto contrario. Por este motivo he dejado de aplicar el sistema. Ella lo calma con la persuasión y dándole cosas que me había prometido antes no darle. Como ya dije, yo no estaba en casa cuando vino <<eso>>, y Eva me dijo que lo había encontrado en el bosque. Me parece extraño que ese ejemplar sea el único, pero debe ser así ya que he caminado hasta el agotamiento durante estos meses tratando de encontrar otro para añadirlo a mi colección y para que éste tuviese con quien jugar; porque, entonces nuestro pequeño canguro estaría sin duda más tranquilo y lo amansaríamos más fácilmente. Pero no encuentro otro ejemplar ni vestigios de tal: y, lo que es más extraño aún, ni siquiera huellas. Ese ser tiene que vivir en el suelo, no puede evitarlo. Entonces... ¿Cómo logra andar sin dejar huellas? He puesto una docena de trampas, pero de nada sirven. Atrapo toda clase de animales pequeños, menos ése; animales que sólo se meten en la trampa por curiosidad, según creo, para descubrir con qué objeto se ha puesto allí la leche. Nunca la beben

TRES MESES DESPUÉS.- El canguro sigue creciendo, cosa muy extraña y desconcertante. Nunca vi a un animal que tardara tanto en alcanzar todo su desarrollo. Ahora tiene una piel sobre la cabeza; no como la piel del canguro, sino exactamente igual a nuestro pelo, salvo que es mucho más fino y suave en vez de ser negro es rojo. Me parece que voy a perder el seso con los caprichosos y torturadores hechos de este inclasificable fenómeno zoológico. Si pudiera atrapar a otro... Pero no hay esperanzas: se trata de una variedad nueva y de un ejemplar único. Es evidente. Pero atrapé a un canguro auténtico y lo traje, suponiendo que el pequeño, sintiéndose solitario, preferiría tenerlo por compañía a no tener cerca pariente alguno o cualquier animal al cual pudiera sentirse próximo o en quién hallar comprensión en su desamparo actual, entre desconocidos que ignoraban su vida y costumbres o no sabían como hacerle sentir que estaba entre amigos; pero aquello fue un error, porque <<eso>> sufrió tales convulsiones al ver el canguro, que me convencí de que nunca había visto semejante cosa. Compadezco al pobre y ruidoso animalito, pero nada puedo hacer por conseguir que sea feliz. Si pudiera amansarlo... pero eso no cabe siquiera discutirlo: cuanto más lo intento, peor me resulta. Me acongoja profundamente el verlo en una de sus pequeñas tormentas de pena y arrebatos. Yo querría dejarlo ir, pero Eva se niega a oír hablar del asunto. Esto me parece cruel e indigno de ella; y, con todo, quizá tenga razón. Quizá <<eso>> esté más solitario que nunca, porque, ya que yo no puedo encontrar otro ejemplar análogo..., ¡Cómo podría encontrarlo el pequeño canguro?

CINCO MESES DESPUÉS.- No es canguro. No. Porque se  sostiene agarrándose del dedo de Eva, y luego camina algunos pasitos sobre las patas traseras, y después se cae. Se trata, probablemente, de una especie de oso: y, con todo no tiene cola –por ahora-  y tampoco piel, salvo sobre la cabeza. Sigue creciendo, lo cual es una circunstancia curiosa, porque los osos llegan a su completo desarrollo antes que <<eso>>. Los osos son peligrosos  -desde el día de nuestra catástrofe-  y a mí no me gusta que éste siga rondando por aquí sin un bozal. Le he ofrecido a Eva conseguirle un canguro si deja que se marche este animalito, pero ha sido inútil; está resuelta a hacernos correr toda clase de riesgos estúpidos, por lo que veo. Era bien distinta antes de perder el juicio.

QUINCE DÍAS DESPUÉS.-  He examinado la boca de <<eso>>. No hay peligro aún: sólo tiene un diente. Todavía no posee cola. Ahora hace más ruido que antes..., sobre todo en la noche. Me he mudado. Pero iré allá por las mañanas a desayunarme y para ver si <<eso>> tiene más dientes. Si le brotan muchos dientes, será hora de dejarlo ir, tenga cola o no las tenga, ya que un oso no necesita cola para ser peligrosos.

CUATRO MESES DESPUÉS.- He estado cazando y pescando durante un mes en la región que ella llama Búfalo; no sé por qué, salvo que sea porque allí no se ve un solo búfalo. Mientras tanto, el oso ha aprendido a avanzar solo sobre sus patas trasera y dice <<papá>> y <<mamá>>. Se trata, ciertamente de una especie nueva. Esta semejanza con las palabras puede ser  tan sólo accidental y quizá no tenga finalidad ni sentido, pero aun en ese caso, se trata de algo extraordinario y que no puede hacer otro oso. Esta imitación del habla, unida a la ausencia general de la piel y la ausencia absoluta de la cola, revela suficientemente que se trata de una nueva especie de oso. Será interesantísimo seguirlo estudiando. Mientras tanto, emprenderá una lejana expedición  por los bosques del Norte y haré una búsqueda a fondo. Sin duda debe de existir otro ejemplar en alguna parte y este oso será menos peligroso cuando le haga compañía un ejemplar de su misma especie. Me pondré en marcha inmediatamente; pero primero habrá que ponerle bozal a éste.

TRES MESES DESPUÉS.- La cacería ha sido fatigosa, muy fatigosa, y con todo, no he obtenido éxito. ¡Mientras tanto, sin moverse de nuestras tierras, ella ha atrapado otro! Nunca he visto suerte parecida. Yo, después de cien años de cacerías en estos bosques, no habría encontrado eso.

AL DIA SIGUIENTE.-He estado comparando al nuevo con el viejo y es evidente que son de la misma especie. Me disponía a disecar uno de ellos para mi colección, pero ella tiene sus prejuicios contra esto por tal o cual motivo; de modo que renuncié a esa idea, aunque me parece un error no hacerlo. La ciencia sufriría una pérdida irreparable si ambos osos escaparan. El viejo es más manso que antes y sabe reír y hablar como el loro, habiendo aprendido esto sin duda gracias a la circunstancia de haber estado tantas veces con el loro y de tener desarrollada en alto grado la facultad imitativa. Me asombraría si se tratara de una nueva especie de loro: y, con todo, ello no debiera asombrarme, porque <<eso>> ha sido  ya todo lo imaginable desde sus primeros tiempos de pez. El nuevo es tan feo ahora como lo fuera el viejo al principio: tiene la misma tez de color azufre y la carne cruda y la misma curiosa cabeza sin un solo pelo. Ella lo llama Abel.

DIEZ AÑOS DESPUÉS.- Son niños; lo descubrimos hace mucho tiempo. Lo que nos intrigó fue que aparecieran con esa forma pequeña e inmadura; no estábamos habituados a ella. Ahora, hay algunas niñas. Abel es un buen muchacho, pero si Caín hubiese seguido siendo un oso, habría salido ganando. Después de todos estos años, veo que me equivoqué con Eva al principio; es mejor vivir fuera del jardín con ella que dentro del jardín sin ella. Al principio me pareció que hablaba demasiado, pero ahora me dolería que esa voz guardara silencio y desapareciera de mi vida. ¡Bendita sea la castaña que nos acercó y me enseñó a conocer la bondad de su corazón y la dulzura de su espíritu!


DIARIO DE EVA

TRADUCIDO DEL ORIGINAL

SÁBADO.- Ahora tengo casi un día de edad. Llegué ayer. Eso me parece, al menos. Y así ha de ser, porque si hubo un anteayer, yo no estuve entonces, porque en caso contrario lo recordaría. Desde luego, es posible que haya habido un anteayer  y que yo haya estado distraída. Perfectamente; ahora estaré muy alerta, y si se presenta algún anteayer, tomaré nota. Lo mejor será empezar ahora mismo y no permitir que el recuerdo se vuelva borroso, ya que cierto instinto me dice que esos detalles tendrán importancia algún día para el historiador. Porque siento que soy un experimento, un experimento y no otra cosa; sería imposible que alguien se pareciese más a un experimento que yo, y por eso me estoy convenciendo de que soy  eso, un experimento, un experimento y nada más.

En ese caso, si soy un experimento... ¿Soy todo el experimento? No. No lo creo;  creo que lo demás lo integra  también. Soy la parte principal del experimento, pero me parece que lo demás tiene también algo que decir en el asunto. ¿Está asegurada mi posición, o necesito vigilarla y cuidarla? Más bien esto último, quizá. Algún instinto me dice que la eterna vigilancia es el precio de la supremacía. (Creo que esta frase no está mal para un ser tan joven como yo).

Todo tiene mejor aspecto hoy que ayer. Con la prisa por terminar las cosas ayer, las montañas quedaron en un estado andrajoso y algunas de las llanuras tan sembradas de desperdicios y residuos, que causan una impresión francamente lamentable. Las obras de arte nobles y hermosas no deben ser víctimas de la precipitación; y este majestuoso nuevo mundo es en verdad una obra muy noble y hermosa. Y por cierto, está maravillosamente cerca de la perfección, a pesar de la brevedad del tiempo. En algunos sitios hay demasiadas estrellas y en otros su número es insuficiente, pero esto, sin duda, puede remediarse. Anoche la luna se aflojó y resbaló y se desprendió del conjunto, lo cual constituye una gran pérdida; me destroza el corazón pensarlo. Ni uno solo de los demás ornamentos es comparable a la luna en belleza y acabado. Debieron engancharla mejor. Si pudiéramos recobrarla...

Pero, naturalmente, es imposible saber adónde ha ido a parar. Y, por lo demás, quienquiera que la capture la ocultará; lo sé, porque yo misma lo haría. Creo que sería honrada en todos los demás terrenos, pero comienzo ya a advertir que el núcleo y centro de mi temperamento es el amor por la belleza, la pasión por lo bello, y que sería un error confiarme una luna ajena y cuyo dueño no supiese que yo la tenía. Yo devolvería una luna hallada a la luz del día, por temor a que alguien estuviese mirando; pero si la encontrara en la oscuridad, se me ocurriría, sin duda, alguna excusa para callarlo. Porque amo las lunas. Son tan hermosas y románticas... Ojalá tuviésemos cinco o seis. Yo no me iría a la cama jamás. No me cansaría de permanecer tendida sobre el musgo y de mirarlas.

También las estrellas valen la pena. Ojalá pudiese ponerme unas cuantas en el cabello. Pero supongo que nunca podré hacerlo. Sorprendería descubrir cuán lejanas están, porque no lo parecen. Cuando aparecieron anoche, por primera vez, traté de derribar algunas con un palo, pero no las pude alcanzar, cosa que no me asombró: luego traté de acertarles tirándoles terrones de tierra, pero no pude derribar una sola. Esto se debe a que soy zurda y no puedo tirar bien. Hasta cuando apunté a la estrella que no me interesaba, no pude acertarle a otra cosa, si bien poco le faltó, porque vi que la mancha negra del terrón caía en medio de los dorados racimos cuarenta o cuarenta y cinco veces, errándoles por escasa distancia, y de haber podido insistir un poco más, creo que habría conseguido derribar una estrella.

De modo que lloré un poco, cosa natural, supongo, en un ser de mi edad, y después de descansar tomé un cesto y emprendí viaje hacia un lugar situado en el borde extremo del círculo, donde las estrellas estaban próximas a la tierra y yo podía atraparla con las manos, lo cual hubiera sido mejor, de todos modos, porque yo habría podido tomarlas entonces con suavidad y no romperlas. Pero el borde quedaba más lejos de lo que yo había supuesto y, finalmente, hube de renunciar a mi propósito. Estaba tan fatigada, que no pude arrastrar los pies para dar un paso más, y, por otra parte, los tenía muy doloridos y lastimados.

No pude volver a casa, ya que estaba demasiado lejos y hacía demasiado frío; pero encontré a algunos tigres y me acurruqué entre ellos y me sentí comodísima y su aliento era dulce y agradable, ya que se alimentan de fresas. Yo no había visto hasta entonces un solo tigre, pero los reconocí en el acto por su piel listada. Si pudiera conseguirme una de éstas me serviría para hacerme un bonito vestido.

Hoy me estoy formando ideas más exactas de las distancias. Me sentía tan ansiosa por aferrar todas las cosas lindas, que tendía las manos atolondradamente hacia ellas, a veces cuando estaban demasiado lejos y, en ocasiones, cuando sólo estaban a seis pulgadas de distancia, pero parecían estar a un metro y...,  ¡ay, con espinas de por medio! Aprendí algo y me formé un axioma, que inventé yo misma, y fue el primero de los míos: El experimento pinchado rehuye la espina.

Ayer por la tarde seguí por todas partes al otro experimento, desde lejos, para descubrir, de ser posible, para que servía. Pero no pude saberlo. Creo que se trata de un hombre. Nunca he visto a un hombre, pero éste parecía serlo y estoy segura de que un hombre es así. Advierto que ese ser me inspira más curiosidad que cualquier otro de los reptiles. Si es que se trata de un reptil... y supongo que lo es, porque tiene el cabello desgreñado y los ojos azules y parece un reptil. No tiene caderas, su forma es ahusada como la de una zanahoria, cuando se yergue semeja una grúa; de modo que lo creo un reptil, aunque bien pudiera ser una obra de arquitectura.

Al principio, aquel ser me daba miedo y yo echaba a correr cada vez que se volvía, suponiendo que iba a darme caza; pero a poco descubrí que solo quería huir de mí, de modo que perdí la timidez y le seguí las huellas durante varias horas, a unos veinte metros de distancia, lo cual lo tornaba nervioso y desdichado. Finalmente, se mostró bastante inquieto y subió a un árbol. Esperé un buen rato y luego renuncié a mi propósito y volví a casa.

Hoy ha vuelto a repetirse el hecho. Lo he obligado a subir al árbol nuevamente.

DOMINGO.- El otro ser está todavía ahí arriba. Descansando, al parecer. Pero se trata de un subterfugio; el domingo no es día de descanso, ya que el día señalado a ese fin es el sábado. Me parece que al otro ser le interesa el descanso por encima de todas las cosas. A mí me cansaría descansar tanto. Me fatiga quedarme sentada mirando el árbol. Me pregunto por qué hará eso él; jamás le he visto hacer algo.

¡Anoche devolvieron la luna! ¡Qué contenta estoy! Me parece que esa gente se ha portado muy honestamente. La luna resbaló y volvió a caer, pero eso no me afligió. No hay porque inquietarse cuando se tienen vecinos como ésos: la devolverán. Ojalá yo pudiese hacer algo para probar mi gratitud. Me gustaría enviarles algunas estrellas, porque tenemos más de las que podemos usar. Mejor dicho, de las que puedo usar: no debo decir <<nosotros>>, porque advierto que el reptil no se interesa en absoluto por las cosas.

Sus gustos son bajos y no es bueno. Cuando fui allí ayer, al anochecer, el reptil había descendido del árbol y trataba de apoderarse de los pececillos moteados que juegan en la laguna, y tuve que tirarle terrones de tierra para obligarlo a subir nuevamente al árbol y dejarlos en paz. ¿Será ese su destino? ¿Carecerá de corazón? ¿No sentirá compasión alguna por esos pequeños seres? ¿Habrá sido diseñado y fabricado para tan perversa tarea? Así parece. Uno de los terrones lo golpeó detrás de la oreja y, entonces, usó el lenguaje. Esto me causó emoción, porque oía por primera vez otra habla que la mía propia. No comprendí las palabras pero me parecieron expresivas.

Al descubrir que <<eso>> podía hablar, sentí un nuevo interés, porque me gusta hablar; yo hablo durante todo el día y hasta en sueños, y resultó muy interesante, pero si pudiese tener otro ser a quién hablarle, yo sería doblemente interesante y jamás me interrumpiría, si quisiera.

Si ese reptil es un hombre, no es <<eso>>... ¿verdad? Esta expresión no sería gramatical. Creo que sería él. En ese caso, el asunto se declinaría así: nominativo, él; dativo, a él; posesivo, de él. Pues bien: lo consideraré un hombre y lo llamará él, mientras no resulte ser alguna otra cosa. Esto será más práctico que tener tantas incertidumbres.

EL DOMINGO DE LA SEMANA SIGUIENTE.- Durante toda la semana le he pisado los talones y procurado trabar relación con él. Tuve que encargarme de la conversación, porque resultó muy tímido, pero esto no me importó. Al parecer, le agradaba tenerme cerca, y yo usé mucho el sociable <<nosotros>>, porque por lo visto, le halagaba verse incluido.

MIÉRCOLES.- Ahora nos llevamos muy bien y nos conocemos cada vez mejor. Él ya no trata de rehuirme, lo cual es una buena señal y demuestra que le agrada tenerme a su lado. Esto me complace, y me esfuerzo por serle útil en todas las formas posibles, para acrecentar  su estima. Durante estos dos últimos días, me he encargado de todo el trabajo de ponerles nombres a las cosas, y esto le ha proporcionado gran alivio a él, porque le falta ese don, y está evidentemente muy agradecido. No se le ocurre un solo nombre razonable ni por pienso, pero yo no le dejo adivinar que noto su defecto. Siempre que aparece un ser nuevo, le pongo nombre antes de que él tenga tiempo de traicionarme con un torpe silencio. En esta forma, le he ahorrado muchas situaciones embarazosas. Yo no tengo ese defecto. Apenas veo a un animal sé qué es. No necesito reflexionar un solo momento; el nombre adecuado aparece de pronto, como enviado por una inspiración, y no cabe duda de que es así, porque estoy segura de no haberlo conocido  medio minuto antes. Según parece, advierto por la sola forma del ser y su manera de comportarse de qué animal se trata.

Al aparecer el dido, él creyó que se trataba de un gato montés; lo leí en sus ojos. Pero yo lo salvé. Y tuve buen cuidado de hacerlo de una manera que no hiriese su orgullo. Me limité a hablar en forma completamente natural y revelando complacida sorpresa  -no como si pretendiera darle una información-, y dije: << ¡Que me emplumen si no es el dido!>> Expliqué  -sin parecer explicarlo-  cómo había adivinado que era un dido, y aunque él se sintió posiblemente algo picado al ver  que yo conocía a aquel animal y él no, resultó evidente que me admiraba. Esto era muy agradable y pensé en el asunto con satisfacción más de una vez antes de dormirme. ¡Cuán poca cosa basta para hacernos feliz cuando sentimos que no lo hemos ganado!

JUEVES.- Mi primera pena. Ayer él me rehuyó y prefirió, al parecer, que yo no le hablara. No pude creerlo y pensé que debía de haber algún error, porque me gustaba estar con él y oírlo hablar y, por lo tanto ¿cómo podía sentir él malevolencia para mí si yo no había hecho nada malo? Pero sea como fuere, el hecho parecía cierto, de modo que me marché y me senté a solas en el sitio donde lo viera por primera vez la mañana que nos hicieran, cuando ignoraba que era él y lo miraba con indiferencia; pero ahora se trataba de un sitio lúgubre, y hasta las cosas más pequeñas me hablaban de él y me dolía mucho el corazón. Y no sabía el por qué con mucha claridad, porque se trataba  de un sentimiento nuevo para mí: Yo no lo había experimentado antes, y todo aquello era un misterio y no podía descifrarlo.

Pero al llegar la noche la soledad me resultó insoportable y fui al nuevo refugio que él construyera, para preguntarle que había hecho yo de malo y cómo podía repararlo y recobrar su buena disposición para conmigo; pero él me echó a la lluvia, y ésta fue mi primera pena.

DOMINGO.- El ambiente ha vuelto a ser agradable y me siento feliz; pero los días transcurridos han sido penosos y trato de no pensar en ellos.

He procurado conseguirle algunas manzanas, pero no consigo tirar en línea recta los terrones de tierra. He fracasado, pero creo que mi buena intención le gustó. Las manzanas son frutas prohibidas, y él dice  que me causarán daño. Pero si se trata de sufrir un daño por complacerle..., ¿Qué me importa ese daño?

LUNES.- Esta mañana le dije mi nombre, confiando en que le interesaría. Pero no le importó. Es extraño. Si él me dijera su nombre, el asunto me interesaría. Creo que le sería más grato a mis oídos que cualquier otro sonido.

Habla muy poco, Quizá esto se deba a que no es inteligente, y siendo razonable, procura disimularlo. Es una lástima que piense así; porque la inteligencia nada significa y es en el corazón donde radican los valores. Ojalá pueda hacerle comprender que un corazón bueno y afectuoso es un tesoro, y que con ese tesoro basta, y que sin el la inteligencia es la pobreza.

Aunque habla muy poco posee un vocabulario realmente considerable. Esta mañana usó una palabra de sorprendente valor. Por lo visto él mismo advirtió que era valiosa, porqué la usó más tarde dos veces, accidentalmente. No fue una expresión de auténtica capacidad, pero reveló con todo que posee cierto grado  de percepción. Sin duda esa semilla puede crecer si se la cultiva.

¿Dónde obtuvo esa palabra? No creo haberla usado nunca.

No. Él no se interesó por mi nombre. Traté de ocultar mi decepción, pero supongo que no lo conseguí. Me fui y me senté sobre la musgosa orilla, con los pies sumergidos en el agua. Voy allí siempre que ansío compañía, alguien a quién mirar, alguien a quién hablar. Ese bello cuerpo blanco pintado en la laguna no basta; pero es algo, y algo es mejor que la soledad absoluta. Ese cuerpo habla cuando yo hablo, está triste cuando yo estoy triste, me consuela con su simpatía y dice: <<No te descorazones, pobre muchacha sin amigos. Yo será tu amiga>>. Es realmente, una buena amiga para mí y mi única amiga: es mi hermana.

¡Nunca olvidaré la primera vez que me abandonó! Nunca, nunca. ¡El corazón me pesó en el cuerpo como plomo! Y dije: <<Ella  era todo lo que yo tenía y ahora ha desaparecido!>>  En mi desesperación, dije: <<¡Rómpete,  corazón! ¡No puedo seguir soportando la vida!>> Y oculté el rostro entre las manos y no hubo solaz para mí. ¡Y cuando retiré las manos, al poco rato, volví a verla, blanca y resplandeciente y hermosa y salté hacia sus brazos!

Esto era la  felicidad perfecta; yo había conocido antes la felicidad, pero nunca una dicha como ésta, que era un éxtasis. Nunca he vuelto a dudar de mi amiga. A veces ésta se aleja de mí, en ocasiones por una hora, en ocasiones por todo el día, pero yo espero y no dudo. Me digo: <<Está ocupada o de viaje, pero vendrá>> Y así es: siempre viene. De noche no acude si reina la oscuridad, porque es una cosita muy tímida; pero sí cuando hay luna. Yo no temo la oscuridad, pero ella es menor que yo: nació después de mí. Son muchas las visitas que le he hecho; es mi consuelo y mi refugio cuando la vida se vuelve difícil..., y eso ocurre con harta frecuencia.

MARTES.- Durante toda la mañana estuve trabajando en el mejoramiento de nuestras tierras; y me mantuve deliberadamente apartada de él, con la esperanza de que se sintiera solo y se acercara a mí. Pero no lo hizo.

A mediodía di por terminada mi labor de la jornada y me tomé mi recreo dando vueltas por todas partes con las abejas y las mariposas y jaraneando con las flores, esos hermosos seres que se llevan la sonrisa de Dios de los cielos y la conservan. Recogí flores y formé con ellas coronas y guirnaldas y me vestí con ella mientras comía mi almuerzo...; manzanas desde luego; Después me senté a la sombra  y ansié y esperé. Pero él no vino.

No importa. Lo mismo hubiera sido, porque no le interesan las flores. Las llama desperdicios y no sabe distinguir unas de otras y le parece aristocrático tener estos sentimientos. No le intereso yo, no le interesan las flores, no le interesa el pintado cielo crepuscular. ¿Habrá algo que le interese, fuera de la construcción de chozas para esconderse de la buena y limpia lluvia y de hender los melones y probar las uvas y manosear la fruta de los árboles para ver si madura?

Puse en el suelo un palo seco y traté de practicarle un agujero con otro, para realizar un proyecto que se me había ocurrido, y no tardé en llevarme un susto tremendo. ¡Del agujero brotó una fina y transparente membrana rosada y yo dejé caer todo y huí corriendo! ¡Supuse que era un fantasma y me atemoricé tanto! Pero volví los ojos y aquello no me perseguía; de modo que me recliné contra una roca y descansé y respiré de manera jadeante y dejé que mis miembros temblaran, hasta que se calmaron. Luego volví arrastrándome cautelosamente, alerta, vigilando y pronta a huir en caso de necesidad; y cuando me hube acercado, aparté las ramas de un matorral de rosales y atisbé  -ansiando que él estuviese allí... ¡yo estaba tan graciosa y tan linda!-,  pero el fantasma había desaparecido. Fui allá y había una pulgarada de polvo, de un delicado tono rosado, en el agujero. Metí el dedo para tantearlo y dije << ¡Ay!>> y lo saqué. El dolor era cruel. Me metí el dedo en la boca; y después de haberme parado sucesivamente sobre un pie y sobre otro y de haber gruñido, se me alivió el dolor. De modo que me sentí muy dolorida y empecé a examinar aquello.

Sentía curiosidad por saber qué era el polvo rosado. Súbitamente se me ocurrió un nombre, aunque nunca lo había oído antes. ¡Era el fuego! Me  sentí tan segura de ello como se puede estarlo de algo en este mundo. De modo que sin vacilar, lo llamé así: fuego.

Yo había creado algo que no existía: habías agregado algo nuevo a un mundo de innumerables cosas. Comprendí esto y me sentí orgullosa de mi hazaña y me disponía a correr en busca de él y a contárselo, presumiendo que aquello acrecentaría su estima por mí..., pero medité y no lo hice. No... A él aquello no le interesaría. Preguntaría para qué servía el fuego y... ¿qué podría responderle yo? Porque si el fuego no servía para algo, sino que era tan sólo hermoso, simplemente hermoso...

De modo que suspiré y no fui. Porque aquello no servía nada: no servía para construir una choza, no servía para mejorar los melones, era una tontería y una vanidad. Él lo despreciaría y diría palabras mordaces. Pero, para mí aquello no era despreciable y dije << ¡Oh fuego! ¡Yo te amo, delicado ser color de rosa, porque eres bello... y eso me basta!>> Y me dispuse a acercármelo al pecho. Pero me contuve. Luego, formulé otra máxima que se me ocurrió, aunque se parecía tanto a la primera que temí se tratara sólo de un plagio: El experimento quemado rehuye el fuego.

Volví a trabajar; y cuando hube obtenido una buena cantidad de polvo de fuego, lo vacié sobre un puñado de hierba seca parda, proponiéndome llevármelo a casa y conservarlo y jugar con él; pero el viento golpeó el polvo de fuego y éste se esparció y lanzó contra mí un escupitajo tan violento, que lo dejé caer y eché a correr. Cuando volví los ojos, el fantasma azul se estaba elevando y extendiéndose y alejándose como una nube, y de pronto se me ocurrió su nombre: ¡humo!, Aunque, bajo palabra de honor, aseguro no haberlo oído mencionar antes.

Pronto se elevaron a través del humo unos brillantes fulgores amarillos y rojos, y yo los llamé instantáneamente llamaradas, y no me equivocaba tampoco, aunque eran las primeras llamaradas que se vieran en el mundo. ¡Estas treparon a los árboles, centellearon espléndidamente hacia adentro y afuera del vasto y creciente volumen de confuso humo, y yo tuve que palmotear y reír y bailar en mi éxtasis, tan nuevo y extraño y maravilloso y hermoso era aquello!

Él acudió corriendo y se detuvo y miró y no pronunció una sola palabra durante muchos minutos. Luego preguntó qué era aquello. Fue una lástima que me formulara una pregunta tan directa. Yo debía contestarla, desde luego, y así lo hice. Dije que aquello era fuego. Si le fastidió el hecho de que yo supiera y él debiese preguntármelo, la culpa no era mía; yo no tenía intenciones de molestarle. Después de una pausa preguntó:

-¿Cómo ha aparecido  aquí eso?

Otra pregunta directa, y tuve que contestarla también en forma directa:

-Yo lo hice.

El fuego se estaba extendiendo cada vez más lejos. Él fue hacia el límite del círculo de llamas y se quedó mirando y dijo:

-¿Qué es eso?

-Son ascuas.

Recogió una para examinarla, pero cambió de idea y la volvió a su sitio. Luego se alejó. Nada le interesa.

Pero a mí, sí. Aquello eran cenizas, grises y suaves y delicadas y hermosas; Adiviné inmediatamente que lo eran. Y las ascuas; reconocí también las ascuas. Encontré mis manzanas y las saqué de allí con un palo y me alegró hacerlo; porque soy muy joven y mi apetito es activo. Pero me sentí decepcionada; todas las manzanas estaban reventadas y estropeadas. Estropeadas en apariencia, pero no en realidad; eran más sabrosas que las crudas. El fuego es hermoso; algún día será útil, a mi entender.

VIERNES.- Volví a verlo por un momento el lunes pasado al caer la noche, pero sólo por un momento. Confiaba en que me elogiaría por haber tratado de mejorar nuestras tierras, porque yo había tenido las mejores intenciones y trabajado con empeño. Pero no se sentía satisfecho y se apartó y me abandonó. Su disgusto obedecía también a otro motivo: yo había intentado persuadirlo nuevamente de que debía dejar de ir a las cataratas. La causa era que el fuego había revelado en mí otro sentimiento, totalmente nuevo y bien distinto del amor, del dolor y de todos los demás que ya descubriera: el miedo. ¡Y se trata de algo horrible! Ojalá no lo hubiese descubierto; me hace pasar momentos penosos, estropea mi dicha, me causa escalofríos y me hace temblar y estremecerme. Pero no he podido persuadirlo, porque él no ha descubierto el miedo aún y por eso no puede comprenderme.


 

 

FRAGMENTO DEL DIARIO DE ADÁN

<<Quizá yo deba recordar que ella es muy joven, tan solo una niña, hacerle concesiones. Es todo interés vehemencia, vivacidad; el mundo es para ella un hechizo, una maravilla, un misterio, una alegría; enmudece de deleite cuando encuentra una nueva flor, tiene que acariciarla y mimarla y olerla y hablarle y darle nombres cariñosos. Y los colores la enloquecen: las pardas rocas, la amarilla arena, el gris musgo, el verde follaje, el cielo azul, el color perla del alba, las sombras purpúreas de las montañas, las islas de oro que flotan en mares carmesí a la hora del crepúsculo, la pálida luna que navega a través de los jirones de nubes, las estrellas-gemas que centellean en la inmensidad del espacio; Nada de esto tiene valor práctico, que yo sepa, pero como posee colorido y majestad, le basta y delira por esas cosas. Si fuera capaz de callarse y permanecer en silencio dos minutos consecutivos, proporcionaría un espectáculo sereno. En ese caso creo que me agradaría mirarla; mejor dicho estoy seguro de que me agradaría, porque estoy empezando a comprender que se trata de un ser notablemente agradable, esbelto, flexible, de buen porte, redondeado, ágil, gracioso; y en cierta oportunidad, cuando estaba erguida con su blancura de mármol y anegada de sol sobre un canto rodado, con la joven cabeza ladeada y la mano protegiendo los ojos, contemplando el vuelo de un pájaro por el cielo, admití que era hermosa.

LUNES A MEDIODÍA.- Si en nuestro planeta hay algo que no le interesa, eso no figura en mi lista. Hay animales ante los cuales me siento indiferente, pero no sucede lo mismo con ella. No discrimina, le gustan todos, todos le parecen tesoros, todos son para ella bien venidos.

Cuando apareció el brontosauro, con su poderoso andar, ella consideró que era una adquisición, y yo, una calamidad; esto es un buen ejemplo de la falta de armonía que predomina en nuestras opiniones. Ella quiso domesticarlo, yo quise regalarle nuestra finca y mudarnos. Ella opinó que el brontosauro podía ser domado con el buen trato y que sería un excelente animalito doméstico; yo opiné que un animalito doméstico de siete metros de altura y de veintiocho metros de largo no era muy adecuado para nuestras posesiones, porque aún con las mejores intenciones y sin proponerse causar daño alguno, podía sentarse sobre la casa y aplastarla, ya que se veía fácilmente en su manera de mirar que era distraído.

Con todo, ella estaba resuelta a quedarse con aquel monstruo y no pudo renunciar a este anhelo. Pienso que podíamos obtener de él productos de cremería y quiso que yo le ayudara a ordeñarlo; pero yo no quise, por parecerme harto arriesgado. El sexo no era el que debía ser, y de todos modos nos faltaba una escalerita. Entonces ella quiso montar sobre el brontosauro y contemplar el paisaje. El brontosauro tenía de diez a trece metros de cola descansando en el suelo, como un árbol caído, y ella pensó que podía trepar por ella, pero se engañaba; apenas había llegado al sitio más empinado, se encontró con que era demasiado resbaladizo y cayó, y se habría lastimado a no ser por mí.

¿Quedó satisfecha con esto? No. Nada le satisface, en cualquier oportunidad, como no sea la demostración; las teorías no probadas están fuera de su radio de acción y no las acepta. Admito que así debe ser; su actitud me atrae, siento su influencia. Si yo estuviera más a menudo en su compañía, me contagiaría, según todas las probabilidades. Finalmente, se formó una teoría más sobre ese coloso: pensó que si podíamos domarlo y obtener su amistad, nos sería posible pararlo en el río y usarlo  a guisa de puente. Resultó que el brontosauro era ya bastante manso –al menos, en cuanto a ella se refiere-,  de modo que ensayó su teoría, pero fracasó; cada vez que instalaba debidamente al brontosauro en el río y bajaba a la playa para cruzar las aguas sobre él, el animal salía del río y la seguía a todas partes, como una montaña domesticada. Como los demás animales. Todos hacen eso.

VIERNES.- Martes, miércoles, jueves... y hoy: todos los días sin verlo. Es mucho tiempo para estar sola; con todo más vale estar sola que ser mal recibida.

Yo necesitaba compañía  -he nacido para estar acompañada, supongo-  de modo que trabé amistad con los animales. Estos son, simplemente, encantadores y tienen  el más amable de los temperamentos y los modales más corteses; nunca se muestran ceñudos; nunca le dan a entender a una que es una intrusa; le sonríen y menean la cola, si la tienen, y están prontos siempre a retozar o a hacer una excursión o lo que una quiera proponerles. Creo que son unos perfectos caballeros. Durante todos estos días hemos pasado momentos muy agradables y ni por un instante me sentí sola. ¡Sola! No. De ningún modo. Siempre tuve a mi alrededor un enjambre  de estos amigos míos –enjambre que a veces cubría hasta cuatro o cinco acres- algo innumerable; Y cuando una se erguía sobre una roca en el centro y contemplada la extensión cubierta de pieles, la veía tan moteada y salpicada y alegre de colores y brillos y centelleos  retozantes y tan listada, que parecía un lago, pero se sabía que no lo era. Y había tempestades de sociables pájaros y huracanes de zumbantes alas; y cuando el sol hería toda aquella plumosa agitación, había una llamarada de todos los colores imaginables, lo suficiente para cegarla a una.

Hemos hecho largas excursiones y he visto mucho; casi todo, según creo. Y, por consiguiente, soy primer viajero y el único. Cuando estamos enmarca, nuestro aspecto es imponente: en ninguna parte se encuentra algo parecido. Por razones de comodidad, monto sobre un tigre o un leopardo, porque son suaves y tienen un lomo redondo que me conviene y porque son unos hermosos animales; pero para recorrer distancias largas o cuando se trata de contemplar el paisaje, monto el elefante. Este me iza con su trompa, pero puedo bajar sola; cuando estamos prontos a acampar, se sienta y me deslizo a tierra por su parte posterior.

Entre los pájaros y los animales reina gran amistad y no riñen por motivo alguno. Todos ellos se hablan y me hablan, pero su lenguaje debe de ser extranjero, porque no les entiendo una palabra; con todo, ellos me comprenden a menudo cuando les contesto, sobre todo el perro y el elefante. Esto me avergüenza. Revela que son más inteligentes que yo y, por lo tanto, superiores a mí. Esto me fastidia, porque yo misma quiero ser el experimento principal... y lo seré, por lo demás.

Ahora he aprendido muchísimas cosas, y soy culta, pero no lo fui al principio. En los primeros tiempos era ignorante. Esto solía irritarme, porque, a pesar de estar alerta, nunca era lo bastante avisada para estar presente cuando el agua corría cuesta arriba; pero ahora esto no me importa. He hecho experiencias y más experiencias, hasta averiguar que no corre cuesta arriba, salvo en la oscuridad. Sé que, entonces, las aguas suben, porque la laguna jamás se seca, cosa que sucedería desde luego  si las aguas no volvieran de noche. Es mejor probar las cosas con un experimento real; entonces se sabe. Mientras que si nos basamos en adivinaciones y presunciones y conjeturas, nunca seremos personas cultas.

Hay cosas que no se pueden descubrir; pero esto no puede saberse mediante adivinaciones y conjeturas. No. Es necesario ser paciente y seguir experimentando, hasta descubrir que no las podemos descubrir. Y esto es delicioso... El mundo se vuelve tan interesante... Si no hubiese algo que descubrir, el mundo sería aburrido. Hasta la búsqueda sin encontrar es tan interesante como la búsqueda y el hallazgo, y quizá más aún. El secreto del agua fue un tesoro hasta que lo descubrí, luego, toda la excitación que me causaba el asunto desapareció y advertí que me faltaba algo.

Gracias a los experimentos sé que la madera nada y que lo mismo ocurre con las hojas y las plumas y muchas otras cosas; por ello, gracias a todas las pruebas acumuladas, cabe presumir que una roca nada. Pero tenemos que resignarnos a saberlo, simplemente porque no se sabe cómo probarlo... hasta ahora. Pero yo encontraré la manera de hacerlo, y entonces habrá desaparecido ese motivo de excitación. Estas cosas me entristecen, porque, poco a poco, cuando yo lo haya descubierto todo, ya no me quedarán motivos de excitación... ¡y éstos me gustan tanto! La otra noche, no pude dormir pensando en el asunto.

Al principio no podía comprender bien para qué había nacido, pero ahora supongo que fue para investigar los secretos de este mundo maravilloso y ser feliz y agradecerle al Dador de todo esto su invención. Creo que restan aun muchas cosas por descubrir; así lo espero. Y si economizo y no me doy demasiada prisa, durarán en mi opinión semanas y más semanas. Cuando se arroja al espacio una pluma, ésta flota en el espacio y desaparece; luego se arroja un terrón de tierra y no sucede lo mismo. Este siempre cae. He ensayado esto repetidas veces y siempre ocurre así. ¿Por qué será? Desde luego, el terrón no cae, pero... ¿por qué parece suceder esto? Supongo que se trata de una ilusión óptica. Esto es, supongo que lo es uno de ambos hechos. No sé cuál. Quizá lo sea la pluma, quizá el terrón; no puedo probar cuál de los dos, sólo puedo demostrar que el uno o el otro es una impostura, y que los demás elijan.

Después de observarlas, he comprendido que las estrellas no durarán. He visto fundirse a algunas de las mejores, cayendo luego por el cielo. Ya que una de ellas puede fundirse, lo mismo puede ocurrir con todas; ya que todas pueden fundirse, todas pueden fundirse la misma noche. Este infortunio sucederá: lo sé. Me propongo quedarme sentada todas las noches y acecharlas mientras pueda permanecer despierta, y me grabaré en la memoria esos centelleantes campos, para poder así, poco a poco, cuando vayan desapareciendo, restituir con mi imaginación esas bellas miradas al negro cielo y hacerlas fulgurar de nuevo y duplicarlas con la borrosa mancha de mis lágrimas.

DESPUÉS DE LA CAÍDA

 

Cuando lo evoco, el jardín me parece un sueño. Era hermoso, de suprema belleza, de encantadora belleza; ahora se ha perdido y no lo volveré a ver.

El jardín se ha perdido, lo he encontrado a él y estoy contenta. Él me ama todo lo que puede; yo lo amo con toda la fuerza de mi apasionado temperamento, y esto, según creo, es propio de mi juventud y mi sexo. Si me pregunto por qué lo amo, compruebo que no lo sé, y, en realidad, no me importa gran cosa saberlo; por lo tanto, presumo que esta clase de amor no es un producto de razonamientos ni estadísticas, como el que se siente por otros reptiles y animales. Supongo que así debe ser. Amo a ciertos pájaros a causa de su canto, pero no amo a Adán a causa de su canto. No, no es eso. Cuanto más canta Adán, menos puedo reconciliarme con ello. Con todo, le pido que cante, porque quiero aprender a gustar de todo lo que le interesa. Estoy segura de poder aprenderlo, porque en el primer momento su canto me resultaba insoportable, pero ahora lo soporto. Su canto agria la leche, pero no importa; puedo habituarme a esa clase de leche.

No lo amo, ciertamente, por su inteligencia. No. No es eso. No hay que culparlo de su inteligencia, tal como es, porque no se creó a sí mismo; es como lo hizo Dios, y eso basta. Sé, eso sí, que hubo en ello un sabio propósito. Su inteligencia se desarrollará con el tiempo, aunque no es probable que ello suceda de un modo repentino. Y además, no hay apuro: él está bastante bien tal como es.

Si lo amo, no es a causa de sus modales amables y respetuosos ni de su delicadeza. No; esas características le faltan, pero está suficientemente bien así y va mejorando.

No lo amo por su laboriosidad; no, no es eso. Creo que es laborioso y no sé por qué me lo oculta. Esa es mi única pena. Por lo demás, ahora es franco y espontáneo conmigo. Estoy segura de que sólo me oculta eso. Me apena el hecho de que me oculte un secreto y a veces me estropea el sueño pensar en ello. Pero expulsaré eso de mis pensamientos, no turbará mi felicidad, que es, por lo demás, plena hasta desbordar.

Si lo amo, no es a causa de su educación. No. No es eso, el se ha educado a sí mismo y sabe realmente muchísimas cosas, pero no es eso.

Si lo amo, no es a causa de su caballerosidad. No. No es eso. Me ha puesto en evidencia, pero no lo culpo; supongo que eso debe ser una peculiaridad de su sexo. Desde luego, yo no lo habría puesto en evidencia a él; habría preferido morirme a hacerlo; pero eso es también una peculiaridad de mi sexo y no me atribuyo ese mérito, porque yo no he hecho mi sexo.

Entonces... ¿por qué lo amo? Supongo que debe ser simplemente porque es masculino.

En el fondo es bueno, y lo amo por eso, pero podría amarlo aunque no lo fuese. Si me pegara y me injuriara, seguiría amándolo. Lo sé. Supongo que es cuestión de sexo.

Es fuerte y hermoso y lo amo por eso y lo admiro y me enorgullezco de él, pero podría amarlo sin esas cualidades. Si fuera feo, lo amaría; si fuera una ruina viviente, lo amaría; y trabajaría para él, y me esforzaría como una esclava por él, y rezaría por él, y velaría junto a su cabecera hasta morirme.

Sí. Creo que lo amo, simplemente, por que es mío y porque  es masculino. Supongo que no hay otro motivo. Y, por eso, creo que las cosas son como ya dije: que este género de amor no es un producto de razonamientos y estadísticas. Simplemente, aparece  - nadie sabe de donde-  y no puede explicarse a sí mismo. Ni hace falta, por lo demás.

Esto es  lo que opino. Pero no soy más que una muchacha y la primera que ha examinado el asunto y quizá mi ignorancia e inexperiencia no me hayan permitido abordarlo debidamente.

CUARENTA AÑOS DESPUÉS

 

Mi plegaria y mi anhelo son que podamos marcharnos de esta vida juntos; Un anhelo que jamás desaparecerá de la tierra y que hallará lugar en el corazón de toda esposa que ame hasta el fin de los tiempos. Y que será llamado con mi nombre.

Pero si uno de nosotros debe desaparecer primero, rezo porque sea yo; porque él es fuerte, yo soy débil, yo no le soy tan necesaria como él a mí, y la vida sin él no sería. ¿Cómo podría soportarla yo? Esta plegaria es también inmortal y será elevada siempre, mientras exista mi especie. Soy la primera esposa, y me repetiré en la última.

EN LA TUMBA DE EVA

 

ADÁN.- Dondequiera que estuvo ella, estuvo el Paraíso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1]Género de vertebrados de la clase de las aves, orden de los carinatas, suborden de los columbiformes. Vivía en las islas Mauricio. Extinguido.

[2]En inglés <<chesnut>> castaña, significa también chiste o anécdota trillada(N del T.)