De por qué creo que guardas tu felicidad en tus ojos

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    ¿Cómo podría alguien definir objetivamente la felicidad? Supongo que nadie, pues lo más objetivo que por el momento se me ocurre es una definición de diccionario, pero no creo que una definición de esas pueda decir realmente lo que es felicidad. Lo que podemos encontrar en el diccionario es una definición seca y sin vida. La verdadera felicidad no se define en un diccionario: se vive y se siente.

    Si la felicidad se siente y se vive entonces no puede ser objetiva. A pesar de que todos vivimos la misma realidad todos la percibimos de maneras diferentes. Cada vida es diferente aunque el contexto de cada una sea el mismo. De este modo, la forma de vivir y de sentir la felicidad será diferente en cada persona, por lo que no podemos ver la felicidad desde un solo ángulo, sino desde muchos, lo que convierte la felicidad en algo que puede percibirse de manera diferente dependiendo de quién la viva. Si la felicidad depende de quien la vive lleva entonces una visión única, personal, y esto, justamente, la hace subjetiva.

    La felicidad es, entonces, diferente en cada persona. Lo que a algunos les provoca alegría puede no hacerlo en otros, y puede la felicidad provocar ciertas sensaciones y reacciones en cada diferente persona. La felicidad es personal.

    Imagino de repente, como un juego, que la felicidad es un elemento físico que forma parte de nuestro ser. Entonces me pongo a pensar un momento y me pregunto, “¿dónde podría estar la felicidad en una persona?” Tal vez en las manos, en el cabello o en las rodillas… o quizá en los riñones, en el cerebro o en el estómago. O puede ser también que no hubiera un lugar predeterminado como ocurre normalmente con los órganos y tejidos del cuerpo humano. La felicidad debe estar guardada el algún lugar importante.

    Si la felicidad es subjetiva y cada quien la vive de diferente modo entonces probablemente su depósito también varíe de acuerdo con el modo en que se vive. Sí, de este modo, puede ser que la felicidad se esconda en un lugar especial en el que o bien se produzca una felicidad importante para la persona, o bien se irradia felicidad hacia otras personas. El lugar donde se guarda la felicidad varía, entonces, de acuerdo a la clase de felicidad que se viva.

    Juego este juego y, curioso, trato de averiguar dónde guardas tú tu felicidad, niño de alegre aspecto. ¿Dónde podrá estar? No es tan sencillo elegir un lugar único en el que guardes toda esa alegría que esparces: todo tú eres felicidad de cabeza a pies.

    Bueno, es cierto que tú eres la felicidad en persona, pero si he de elegir una parte en específico para imaginar que es el centro o la bodega de tu más bella emoción, podría decir que tus ojos son la caja abierta que guarda tu felicidad pero que deja que los demás la disfrutemos también.

    Es increíble tu caso: no sólo vives y disfrutas tu felicidad, sino que además la compartes con los demás y la produces en otras personas. Si la felicidad se trasmite o se almacena en alguna parte del cuerpo, la tuya, que está sobre todo en tus expresivos ojos, activa la producción de la hormona feliz o ese qué sé yo de felicidad que se encuentra escondida en algún lugar del cuerpo de los demás.

    ¿Por qué pienso que guardas la felicidad en tus ojos? Bueno, no es tan sencillo responder. Un niño es un paquete de felicidad y todo él resplandece de ella. Basta una risa de niño para alegrar un espacio por más desolado que se encuentre. ¿Entonces cómo elegir un lugar? Bueno, creo que ni todas las palabras del mundo alcanzan a explicar esa mirada inocente y pícara a la vez. Tus ojos están más vivos y despiertos que los de cualquier otra persona. Tus ojos son lo más vivo y alegre de ti a pesar de que todo tú despides vida y felicidad.

    Mientras que las demás partes de tu cuerpo están vivas y llenas de movimiento, tus ojos están vivos, llenos de movimiento y tienen voz. Existen muchas maneras de comunicarse: verbalmente, por escrito, mediante señales de manos, por ejemplo. Tu forma de comunicarte es muy especial: basta abrir los ojos para dejar salir la felicidad sin fin que guardas.

    Cuando eres feliz lo sabemos inmediatamente porque en tus ojos lo vemos. Una simple mirada basta para hacer girar los engranes que mueven todo tu mecanismo… se arquea una sonrisa, se produce una risa, se sacuden las manos, suben y bajan los pies, se acelera rítmicamente el corazón… ¡Y los ojos brillan de alegría!

    Es por esto, por la viveza de tus ojos, que pienso que guardas la felicidad en ellos. Todo niño es felicidad. Sin embargo, cada uno es diferente a los demás, por lo que pienso que la misma regla aplica para grandes y chicos: el lugar donde se guarda la felicidad es distinto en cada persona.

    Creo que la felicidad se produce en el corazón, quizá como una regla invariable, pero también estoy convencido de que la felicidad se almacena en lugares diferentes en cada persona. ¡Y tu felicidad se almacena y se comparte en las ventanas de tu alma!