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Fue por allá en el año de 1894 cuando el músico de Sayula, Francisco Cárdenas Larios compuso este vals que desde hace décadas es conocido en todo el mundo y según narra el mismo maestro lo compuso en una noche del día de Todos los Santos, el 1 de noviembre del año señalado.

En 1944 se realizó una película con el nombre de “Viva mi Desgracia” en la que participó de manera estelar Pedro Infante, donde encarna a un hombre rico y que a causa de su riqueza no puede encontrar el amor. Sin embargo, como sucede en el Cine, después de varios desencuentros llegan a un final feliz.

Muy distinta la realidad de cómo fue hecho este vals que marca pauta en México. Ya que recordemos que estábamos en tiempos de Don Porfirio Díaz y todo lo que la alta sociedad consumía venía de Europa. Hasta la música y si eran Valses tenían que ser de Alemania, de Francia. Tanto Macedonio Alcalá con su vals “Dios nunca muere” en Oaxaca, como Francisco Cárdenas en Jalisco trazaron rumbo para lo que después se consideró como el Vals Mexicano contribuyendo a dar identidad nacional a la música en todo el país.

Volviendo a las circunstancias que encendieron la inspiración en Francisco Cárdenas narra el mismo autor que fue invitado con su Orquesta que tenía en Sayula a tocar a la Feria de Colima que celebraban el 1° de noviembre la festividad de Todos los Santos. Pero esta invitación fue aceptada a pesar de que tanto él como su esposa Eduarda padecían de paludismo. Llegando a Colima les dijeron que siempre no, que ya habían contratado a otra Orquesta por menor pago. Esto molestó muchísimo a todos, pero sobre todo al maestro ya que no llevaban suficientes recursos y tenían que pagar alimentación y hospedaje de todo el grupo. En esas circunstancias se regresaron a Ciudad Guzmán en donde pidió permiso para tocar serenata, a lo que accedieron las autoridades y juntaron 12 pesos del público presente, utilizándolos para las necesidades más apremiantes del grupo y para las medicinas. En esos momentos de dolor, de tristeza, de impotencia, de no saber qué hacer para remediar la situación, en la soledad de la noche fría, sentado a la mesa y a la luz de un candil de petróleo toma un papel pautado y empieza –como por inspiración divina- a escribir las notas que rebotaban en su mente y que con el conocimiento musical adquirido fueron tejiendo la bella melodía que hoy conocemos. En esa misma noche, y con la enfermedad encima, hizo las partituras para cada uno de los instrumentos de la Orquesta, de manera que al día siguiente aunado al repertorio que iban a presentar, el maestro distribuyó el nuevo Vals, para que lo estudiasen y rápidamente agradó a los músicos decidiendo esa misma noche estrenarlo, como ya se dijo en 1894. Desde un principio el Vals fue del agrado de la gente. Ya lleva más de un siglo y sigue agradando a quien lo escucha en México y fuera del país. Ni el mismo Francisco se explica cómo le puso el nombre al Vals, ya que recibió muchas sugerencias, pero le ganó el mismo pensamiento y de pronto el brotó el nombre de “Viva mi desgracia”.

Por cierto el maestro Francisco Cárdenas Larios nació en la calle Industria (hoy Daniel Larios) en la casa marcada con el número 49, un 16 de noviembre de 1872. Honró con su obra musical y es un orgullo no solo para Sayula, sino también para Jalisco y México.

 


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