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Pocos saben que San Rodrigo Aguilar nació en Sayula, Jalisco y sabía escribir y escribió un libro llamado Mi viaje a Jerusalén, que al menos tenemos en nuestras manos dos tomos. El libro lo escribió en 1925 en Unión de Tula. Poco después fue perseguido y martirizado. El 21 de mayo de 2000 fue canonizado por Juan Pablo II.

Vamos a transcribir el Prólogo de Mi viaje a Jerusalén, para que tengan idea de cómo escribió nuestro Santo patrono de Sayula, Jalisco:

MI VIAJE A JERUSALEN

Rodrigo Aguilar Alemán Pbro.

PRÓLOGO

En abril del año pasado, 1924, practiqué Santos Ejercicios Espirituales, en San Pedro Tlaquepaque, y uno de los ejercitantes fue el Excmo. y  Rvmo. y Sr. Dr. y Maestro Don Francisco Orozco y Jiménez Digmo. Arzobispo de Guadalajara.

Al salir para el lugar de mi destino, el Excmo. Señor Arzobispo, que acababa de sufrir una injusta y tenaz persecución por parte del C. Gobernador del Estado, acusándolo y tratándolo  mal, por “REVOLTOSO”-calumnia que jamás pudo probarle- me anunció el pensamiento que tenía de hacer un viaje a Roma y a los Santos Lugares, aprovechando una invitación recibida para asistir al Congreso Eucarístico de Amsterdam .

Este anuncio fue para mí una revelación, luego se despertó el fuego ardiente que conmovió toda mi naturaleza, y que oculto y alimentado en secreto por toda mi vida, hizo explosión con llamaradas de incendio, de hornaza, de cráter; ya no estuve tranquilo. Toda la ilusión de mi vida estuvo siempre condensada en esta esperanza: hacer un viaje a Tierra Santa.

Va mi prelado, me dije, ¿No me concederá  la gracia de acompañarlo? Y me quedé perplejo ante la respuesta.

¡Qué audacia la mía! ¿Quién osaría proponérselo? Pensé, medité, consulté, y por todas partes y siempre me acompañaba tan vehemente deseo.

Fue entonces cuando un compañero de Ejercicios me halagó con esta noticia:

Ya sabe usted que se prepara una peregrinación Nacional a Roma y a Jerusalén para el mes de noviembre próximo?

Amigo, usted se burla de mí, le dije ¿Cómo conoce mi chifladura? ¿Viene a tomarme el pelo?.

Es cosa seria, así lo asegura la prensa, si no miente “El Amigo de la Verdad”

Entonces yo creí, necesitaba creerle, porque de otra manera, mi corazón desfallecía. Fui a casa de mi prelado, y trémulo de entusiasmo, le expuse mi pensamiento de ir, en la próxima Peregrinación Nacional a Roma y a los Santos Lugares, el Excmo. me vio con sorpresa, después de sonriente y afable indicó:

Yo voy a emprender el viaje “AD LIMINA” y no sé cuánto tiempo transcurra entre mi ida y vuelta.

Ya sé, Excmo señor, que V. E. saldrá a mediados de mayo, y yo deseo salir hasta  noviembre.

Bueno, bueno.

Vengo a solicitar de V. E. el debido permiso, con derecho, a separarme temporalmente de mi parroquia, de volver a ella.

Si, hijo mío, prepare su viaje y cuente con mi bendición y licencia.

¡Bendito sea Dios!... El primer paso está dado, mis temores y oculta indecisión, se convirtieron en franca alegría. Ya tenía la aprobación de Dios, en la de mi prelado. Ahora a esperar el tiempo, a soñar con el viaje y a consultar libros, itinerarios y viajeros.

Allá por el mes de agosto, confirmándose más y más la seguridad de la Peregrinación, recibí unos cartelones, sugestivos por su aspecto, marcando el probable itinerario, los precios y condiciones de viaje; fue para mí el combustible que avivó la llama desbordante del entusiasmo; pero todavía no dejaba traslucir a nadie mis ardientes deseos de ser uno de los peregrinos. ¡Tantos viajes quedan frustrados y nomás convertidos en desilusión amarga!

Me fui a pedir a Dios conocimiento, luz y gracia para que si me convenía emprender tan largo viaje me allanara todos los obstáculos y me diera el valor, la salud y los recursos correspondientes a tal empresa.

Por entonces ya mi prelado había salido del país y gobernaba la S. Mitra de Guadalajara el M. I. Sr. Dean, Dr. D. Manuel Alvarado. Me dirigí entonces a tan digno, sabio y prudente Superior para que rectificara la licencia que obtuve de mi ausente Prelado y no tuvo inconveniente en hacerlo así, calzando con su respetable firma el oficio que me autorizaba como peregrino, con facultad para celebrar y confesar en todo el trayecto de mi ansiada peregrinación. ¡Buen augurio de mi viaje!

Entonces ya pude con más confianza externar mi pensamiento, di cuenta a mi familia, a mis parientes y amigos, y a mi pueblo, del grande y atrevido viaje que proyectaba. Y entonces fueron los comentarios más variados. Unos me animaban y felicitaban, otros me infundían temores y procuraban disuadirme en vista de que casi todas las peregrinaciones habían fracasado, testigo la última de ese mismo año, que se disolvió por falta de cumplimiento del Director de ella; estos dudaban de su realización y me veían con lástima, sabiendo mi entusiasmo, aquellos me lloraban ya perdido en el extranjero, sin esperanza de volver a verme; de un lado que sí, del otro que no, pero ya no consultaba con los hombres cuyos pareceres encontrados me hacían vacilar y dudar; me encomendé a Dios y me resolví a esperar el tiempo.

Entre tanto me puse en contacto con el Presidente del Comité Sr. Pbro. Don Agustín S, de la Cueva, en la Secretaría del Arzobispado de México; le pedí datos concretos, fecha exacta, precios fijos y todo lo que se relacionaba con el famoso viaje, me contestó y ya no vacilé.

Confié mi Peregrinación a la Santísima Virgen de Guadalupe, el señor del cielo será mi guía, el Arcángel San Rafael que acompañó al joven Tobías y lo llevó y trajo sin novedad a su casa, será mi protector, y…¡Vamos adelante!

Preparé las cuentas de la Parroquia, hice mi formal testamento, di aviso a mis parientes y amigos, llené mis petacas y preparé el bordón del peregrino; consulté a mis hermanas, recibí algunos donativos de los fieles de mi pueblo, esperé el día de la partida asignada para el 11 de noviembre en Veracruz y salí de mi Parroquia de Zapotiltic, el lunes 3 de noviembre de 1924.

Voy a revelar al mundo algo de lo que vi y sentí en tan largo y feliz viaje; mis gratas impresiones de numerosos días, escritas al vapor que no tiene más importancia que satisfacer la curiosidad de mis amigos y conocidos, que me reclaman la descripción de un mundo que abrió ante mis ojos todo el esplendor de su civilización antigua, sus costumbres, sus monumentos, sus santuarios, su Religión, su indumentaria, sus museos de arte, sus bellezas, sus panoramas, etc., etc.

Así es que no escribo un libro científico, sino de sensaciones y recuerdos que muy bien pueden hacer sentir  algo de lo que yo sentí y soñar en mucho de lo que yo he soñado. Tampoco resistirá la crítica, si bien procuraré en datos, fechas, y nombres apoyarme en los autores que estén a mi alcance consultar, atendiendo a que escribo solo para guarda vivos en mi alma, dulces ideales realizados con inaudito esfuerzo y grandes sacrificios.

A vosotros pues mis amigos y caros feligreses va dedicado este humilde homenaje de gratitud y cariño; lo mismo que a mis ilustres y felices compañeros de peregrinación, a quienes faculto para rectificar, en aquellos puntos en que no estén conformes, los datos y pensamientos que les parezcan discrepantes con los suyos, que al fin, cada uno ve  las cosas a través del prisma de su ilustración y cultura y siente cada uno a través del propio corazón.

Id pues , recuerdos míos a conmover  las almas de los que aman, antes que la niebla del olvido deslustre vuestros contornos y eclipse la vivacidad de vuestra existencia, antes que la noche del teimpo os sepulté para siempre en la tumba de la eternidad.

Unión de Tula, abril 16 de 1925

Pbro. Rodrigo Aguilar Alemán

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA SANTA MARÍA DE GUADALUPE!

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